sábado, mayo 27, 2006

Nada menos que un hombre

El mundo se cae a pedazos y no haces nada. Piensas que no hay nada que puedas hacer, así que ni siquiera lo intentas. Un hombre solo no puede cambiar el mundo, nos dicen. Está en todas partes. En los libros y en la televisión. En el teatro y en el altar. Los hombres excepcionales sólo aparecen en las enciclopedias y las películas: nadie es excepcional en su propio tiempo, en su propia tierra. Sus palabras nos apagan lentamente. Nacemos llenos de fuego y hambre. Pasamos de brasas a cenizas en diez años, y luego el viento nos desparrama sobre las aguas, y no queda nada. La historia parece valerse por sí misma. No necesita una pareja, se reproduce por bipartición. Se autofecunda, se autoabastece. No sólo somos reemplazables: somos superfluos.O eso nos dicen.

Busca sentido en el conjunto. Adósate a un grupo. Piérdete en la masa, sé parte de un órgano. Células, organizaciones, partidos, religiones, ideologías, concejos, asociaciones, sindicatos, empresas, sectas y sociedades. Tú solo no puedes. Únete a nosotros y haz lo que te digamos. Tus ideas se parecen a las nuestras, aunque no son exactamente las mismas, ¿entiendes? Se parecen mucho, pero son diferentes. Sólo un poco. Seguramente puedes sacrificar algunos de tus sueños para que logremos realizar algunas de tus pesadillas. Hay demasiada gente el mundo, no puedes esperar que todos sean felices. No estarías en tu sano juicio. ¿Qué te hace diferente? ¿Por qué eres tan especial, por qué tus sueños deberían estar por encima de los de los demás? Sé realista.
Sé realista.

Una y otra vez. Las leyes, los mandamientos, las noticias, las pancartas, los graffitis, las imágenes. Un bombardeo agotador.

Todas las ideas están ahí afuera. Te las van quitando día a día hasta que piensas que ya no son tuyas, que están mejor en manos de otros, que ellos sí sabrán qué hacer. No hace falta que te esfuerces.

Te has convertido en nada. La máquina de movimiento perpetuo sigue lanzando vapor y empañándolo todo, y tú sigues girando como un tornillo. No sabes qué haces, ni por qué, pero estás tan acostumbrado que crees que no podrías hacer nada más. Ése es tu lugar. El engranaje. Hasta que te oxides y te cambien. No hay vuelta atrás. Ya estás demasiado viejo. ¿De verdad piensas que podrías aprender a hacer algo nuevo? No importa, todos los puestos están ocupados. La máquina seguirá moviéndose. Tenemos muchos ejemplos, mira nuestros archivos. Todos los titulares escupen historias de rebeliones fracasadas. Esto es una avalancha, muchacho, y tú formas parte de ella.

¿Para qué ir contra la corriente? Haz tu parte del trabajo y disfruta de los beneficios. Piensa que podrías estar peor. Mucho peor. De verdad, enciende la televisión. ¿Ves? El mundo está loco allá afuera. Es una selva.

Pero no es una selva. Es un desierto.

Le tienes miedo a la soledad. Tienes miedo a estar solo con tus pensamientos, con tus preguntas. La verdad es tan amarga que no puedes dejar de tragar sus pequeñas mentiras dulces. Sus enormes mentiras dulces. Son como miel.

¿O no? Tal vez no es miel, es sólo mierda, pero te has convertido en una mosca y ya no sabes cuál es la diferencia. Eres un insecto. Su insecto.

El mundo es una telaraña.

Miras a los demás, atrapados, retorciéndose a la espera de las ocho patas y los colmillos, y crees que son como tú. Todos iguales, hermanos en la esclavitud. Camaradas en el sufrimiento y la incertidumbre. Pero estás solo.Dices que nadie cree en ti y te refugias en la autocompasión. La autocomplacencia. Es tan fácil echarle la culpa a la falta de fe de los demás. Pero es tu propia falta de fe. Nadie tiene por qué creer en ti. Si tú no crees en ti mismo no importa lo
que piensen los demás. No van a venir a alzarte en brazos y ayudarte a ser el rey, a ser el protagonista de sus vidas. Deja de aspirar a esas tonterías y conviértete en el protagonista de tu propia vida. Retoma el control.

S.A.