Magia
Es esencial llegar a un acuerdo en cuanto a las definiciones antes de profundizar en cualquier tipo de debate. No se puede discutir de manera útil sobre los beneficios y desventajas de la guerra si no se han establecido antes las implicaciones relacionadas con el concepto ‘guerra’. En este caso, por supuesto, la guerra no tiene ninguna importancia. Yo quiero hablar de la magia, y para ello debo dedicar cuando menos un párrafo a lo que yo, Soren Alicar, como individuo, historiador, científico y mago, entiendo por ‘magia’, en contraposición, donde sea necesario, a lo que entiende el saber popular.
Casi todo el mundo, desde el erudito más lógico al más supersticioso salvaje, denomina ‘magia’ a aquello que, teniendo un efecto determinado en el mundo, ha sido causado por fuerzas o mecanismos desconocidos. Una ampliación de esta definición incluye entre los efectos de estas causas ignotas acontecimientos fuera de lo común o, para usar un término gastado y cómodo, imposibles.
En esta ocasión, espero sentar las bases para el reemplazo de esta definición por una más moderna y adecuada.
Dejadme preguntar, ¿cuántos de vosotros sabéis cómo funcionan los intestinos de un computador? ¿Cuántos conocéis la razón por las que se iluminan las ampolletas cuando apretáis el interruptor de la luz? ¿Cuántos, por último, entendéis las leyes que rigen el delicado equilibrio químico de nuestros propios cuerpos? He de suponer que la gran mayoría de la población hace uso de multitud de aparatos cuyo principio básico desconoce. Y sin embargo, nadie llama ‘magia’ a la televisión (excepto, tal vez, los campesinos más aislados).
A lo largo de la historia, el método científico ha ido desvelando poco a poco misterios como éstos, adelgazando la lista de fenómenos relacionados desde la antigüedad con lo arcano. Me parece natural suponer que tanto el tiempo como la ciencia continuarán haciendo su trabajo, de tal forma que lo que hoy tememos o tildamos de ‘mágico’ llegará a ser algo rutinario, incluso aburrido. Pensar de otra forma sería una muestra de amargado pesimismo o supina estupidez.
Y en cuanto a la imposibilidad de ciertas cosas, dirigid de nuevo los ojos a los libros de historia. Hubo un tiempo en que volar era imposible para los hombres. Y antes, una época en que hablar con alguien a más de mil kilómetros era imposible hasta para los más ricos. Y antes de eso, una era en que hasta el simple fuego, el conocidísimo fuego, estaba más allá del alcance de nuestros antepasados.
Lo resumiré de esta manera: NADA es imposible.
Si veis algo, y no lo entendéis, no significa que es magia, significa que debéis estudiar un poco más. Y si no hay nada que estudiar, porque nadie ha escrito nada, tendréis que hacer las investigaciones vosotros mismos.
Yo no puedo explicarlo todo, pero puedo explicar muchas cosas. He visto la piel de una mujer transformarse en madera y luego, arder. Me veo obligado a llamar a esto ‘magia’ para no resultar pedante, ni hacer más confusas ciertas conversaciones. También es preferible para los procesos mentales de deducción e inducción. Pero perfectamente puedo llamar a todo esto ‘convección mental’, y explicarlo en base a fundamentos neurológicos, electrofísicos y relativistas.
Vosotros, jóvenes científicos, debéis dejar de usar ese tono despectivo y burlón cuando habláis de ‘pseudociencias paranormales’ como la quiromancia, la adivinación, la psicología... El hecho de que aún no hayamos encontrado una forma confiable de reproducibilidad experimental en estos campos no significa que no vayamos a dar con ella en los próximos años.
Os diré algo: el potencial está en todos vosotros. Al igual que todos poseéis el potencial para convertiros en grandes atletas. Por supuesto, existe un componente genético involucrado, pero soy un convencido de que el talento innato es fácilmente superado por el entrenamiento y la dedicación. Puede no ser tan notorio en el aspecto intelectual, pues moldear el pensamiento es más difícil que moldear el cuerpo, pero pueden aplicarse las mismas suposiciones.
Os propongo un ejercicio. Os reto.
Es algo muy simple, pero debéis tomarlo en serio.
IMAGINAD QUE ESTÁIS SOÑANDO. Imaginad que todo lo que os rodea, lo que tan convencidamente afirmáis que es cierto, es sólo parte de un sueño. Una realidad impuesta por fuerzas o mecanismos desconocidos (ya se trate de sinapsis neuronales o nuevos estratos de la Matriz). Imaginadlo, nada más, y empezad a razonar desde ahí.
¿Estáis seguros de que estáis despiertos? ¿Cabalmente seguros? ¿Habéis hecho algo para demostrarlo?
¿Es éste el mundo real?
Porque amigos, yo tengo serias dudas.
Casi todo el mundo, desde el erudito más lógico al más supersticioso salvaje, denomina ‘magia’ a aquello que, teniendo un efecto determinado en el mundo, ha sido causado por fuerzas o mecanismos desconocidos. Una ampliación de esta definición incluye entre los efectos de estas causas ignotas acontecimientos fuera de lo común o, para usar un término gastado y cómodo, imposibles.
En esta ocasión, espero sentar las bases para el reemplazo de esta definición por una más moderna y adecuada.
Dejadme preguntar, ¿cuántos de vosotros sabéis cómo funcionan los intestinos de un computador? ¿Cuántos conocéis la razón por las que se iluminan las ampolletas cuando apretáis el interruptor de la luz? ¿Cuántos, por último, entendéis las leyes que rigen el delicado equilibrio químico de nuestros propios cuerpos? He de suponer que la gran mayoría de la población hace uso de multitud de aparatos cuyo principio básico desconoce. Y sin embargo, nadie llama ‘magia’ a la televisión (excepto, tal vez, los campesinos más aislados).
A lo largo de la historia, el método científico ha ido desvelando poco a poco misterios como éstos, adelgazando la lista de fenómenos relacionados desde la antigüedad con lo arcano. Me parece natural suponer que tanto el tiempo como la ciencia continuarán haciendo su trabajo, de tal forma que lo que hoy tememos o tildamos de ‘mágico’ llegará a ser algo rutinario, incluso aburrido. Pensar de otra forma sería una muestra de amargado pesimismo o supina estupidez.
Y en cuanto a la imposibilidad de ciertas cosas, dirigid de nuevo los ojos a los libros de historia. Hubo un tiempo en que volar era imposible para los hombres. Y antes, una época en que hablar con alguien a más de mil kilómetros era imposible hasta para los más ricos. Y antes de eso, una era en que hasta el simple fuego, el conocidísimo fuego, estaba más allá del alcance de nuestros antepasados.
Lo resumiré de esta manera: NADA es imposible.
Si veis algo, y no lo entendéis, no significa que es magia, significa que debéis estudiar un poco más. Y si no hay nada que estudiar, porque nadie ha escrito nada, tendréis que hacer las investigaciones vosotros mismos.
Yo no puedo explicarlo todo, pero puedo explicar muchas cosas. He visto la piel de una mujer transformarse en madera y luego, arder. Me veo obligado a llamar a esto ‘magia’ para no resultar pedante, ni hacer más confusas ciertas conversaciones. También es preferible para los procesos mentales de deducción e inducción. Pero perfectamente puedo llamar a todo esto ‘convección mental’, y explicarlo en base a fundamentos neurológicos, electrofísicos y relativistas.
Vosotros, jóvenes científicos, debéis dejar de usar ese tono despectivo y burlón cuando habláis de ‘pseudociencias paranormales’ como la quiromancia, la adivinación, la psicología... El hecho de que aún no hayamos encontrado una forma confiable de reproducibilidad experimental en estos campos no significa que no vayamos a dar con ella en los próximos años.
Os diré algo: el potencial está en todos vosotros. Al igual que todos poseéis el potencial para convertiros en grandes atletas. Por supuesto, existe un componente genético involucrado, pero soy un convencido de que el talento innato es fácilmente superado por el entrenamiento y la dedicación. Puede no ser tan notorio en el aspecto intelectual, pues moldear el pensamiento es más difícil que moldear el cuerpo, pero pueden aplicarse las mismas suposiciones.
Os propongo un ejercicio. Os reto.
Es algo muy simple, pero debéis tomarlo en serio.
IMAGINAD QUE ESTÁIS SOÑANDO. Imaginad que todo lo que os rodea, lo que tan convencidamente afirmáis que es cierto, es sólo parte de un sueño. Una realidad impuesta por fuerzas o mecanismos desconocidos (ya se trate de sinapsis neuronales o nuevos estratos de la Matriz). Imaginadlo, nada más, y empezad a razonar desde ahí.
¿Estáis seguros de que estáis despiertos? ¿Cabalmente seguros? ¿Habéis hecho algo para demostrarlo?
¿Es éste el mundo real?
Porque amigos, yo tengo serias dudas.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home