jueves, febrero 02, 2006

Palabras

Una palabra es al fin y al cabo sólo una concatenación de sonidos dispersos que da lugar a un nuevo armónico que evoca imágenes y significados en la mente del que, escuchándola, es capaz de comprenderla.
Una palabra arquetípica es básicamente lo mismo, comprendida por un porcentaje mínimo de la población, pero portadora de un significado estricto que no se presta a interpretaciones individuales.
En este sentido es fácil trazar la equivalencia con el Mundo de las Ideas (Iddespakkël) de Mür o el mucho más antiguo Mito de las Sombras de Gorme (brevemente, el mundo que observamos no es más que la sombra imperfecta de un mundo elevado y perfecto, poblado por el epítome idealizado de todas las cosas).
Por supuesto, una palabra arquetípica puede ser utilizada en una conversación intrascendente, y el locutor puede adulterar su significado siguiendo las reglas tradicionales de la oratoria, la metáfora y el símil. Más allá del contexto sin embargo, y de las limitaciones lingüísticas del auditorio, una palabra arquetípica, si es adecuadamente pronunciada y se encuentra en concordancia con la imagen mental de quien la pronuncia, será capaz de afectar el mundo (el espacio-tiempo tridimensional gussiano) con una suerte de fenómeno fásico.
Todo sonido puede explicarse como una onda o una serie de ondas. Una palabra arquetípica no es la excepción, pero puede argüirse que el patrón ondulatorio que presenta es mucho más complejo. La materia, entendida como la entendían los científicos de hace tres siglos, puede ser también explicada desde el punto de vista ondulatorio (Principio Dual de Yaiszenn'Wër y Show-Dinnger), y por tanto postulo, aunque con humildad admito que se trata sólo de una hipótesis, y una muy difícil de enfrentar, dada la tecnología con que contamos, que la vibración multifásica (de acuerdo, me he delatado, esto tiene mucho en común con la resonancia mórfica) producida al pronunciar una palabra arquetípica se expande por los alrededores barriendo el contorno del mundo hasta acoplarse como una sonda en aquel lugar donde exista un patrón idéntico o, en ciertos casos, al menos similar (de tal forma que la palabra arquetípica para “perro”, capaz de afectar a un perro, es también de afectar a un lobo en algunas ocasiones propicias).
Mucho más fácil resulta, por supuesto, en lugar de buscar alterar estructuras organizadas, crear nuevas estructuras en el éter maleable que es nuestra atmósfera, en que las ondas vagan y se entremezclan casi sin ser obstaculizadas por las complejísimas maquinarias biológicas que nos sostienen. Así, hacer aparecer una llama de la nada puede interpretarse como la preponderancia del patrón fásico arquetípico del fuego sobre los débiles patrones fásicos a la deriva.
Al meditar sobre estas cuestiones, puede parecer que lo entiendo todo y que todo es fácil. Nada más lejos de la verdad, y me disculpo. Incluso en los tiempos ilustrados de antaño, en que el corazón mismo del universo revelaba sus secretos a los científicos más osados e ingeniosos, era posible derribar la más férrea teoría con un buen experimento o, incluso, una simple revelación.
Yo apenas soy un iniciado lanzando preguntas y ofreciendo muy pocas respuestas.
Ansío profundamente discutir estos asuntos con el mundo científico. Lamentablemente, queridos colegas, en mi situación actual me resulta imposible dar a conocer mi paradero, como muchos sabréis. Ya he sido muy afortunado si esta carta ha llegado de un modo u otro a vuestras manos.
Rechazadme, criticadme, corregidme cuanto queráis, pública o privadamente, según vuestros recursos y lealtades, pero por favor, no me condenéis a la hoguera condenando a la vez vuestro propio espíritu científico y vuestra curiosidad desconcertada.
Recordad las palabras de un eminente físico, tal vez el más grande de todos los tiempos (no necesito decir su nombre):

Es cierto que el mundo podría existir sin científicos. Es más, probablemente podría existir sin ciencia. De la misma forma, un hombre puede vivir sin piernas. Está claro, desde luego, que ninguno de ellos llegará a ningún lado.