jueves, febrero 02, 2006

Bibliografía

A todo el mundo le parece natural hablar de imágenes reales e imágenes virtuales. La óptica sigue maravillando a quienes la descubren, pero no consigue escandalizar a nadie ya que, afortunadamente, el Culto no la ha encerrado bajo llave junto a otras disciplinas, como la física cuántica y la aerodinámica. Los anatomistas aún no han sido tildados de heresiarcas, quizás porque a diferencia de lo que ocurre con la física y la alquímica, los cuerpos de las personas no son tan fáciles de quemar como los libros, y por tanto siguen contando con muchísimo material de estudio.
Por otra parte, la óptica resulta especialmente agradable a la iglesia, al igual que el resto de la anatomía. Si bien hay quienes proclaman la perfección del cuerpo humano, está claro que se trata de un mecanismo bastante limitado, lo que lo ubica casi en el último eslabón de la jerarquía evolutiva divina.
Exaemplis graettia, el lente biconvexo a través del cual pasan todas las imágenes que somos capaces de ver, bautizado platina agnes por el talentoso y adelantado Titus Groan (que la iglesia, por supuesto, nombró santo, mostrando su tradicional oportunismo), nos vuelve a todas luces ciegos a un mundo microscópico, densamente poblado por monstruos infinitesimales, y regido por leyes que parecen perversiones de las que rigen el nuestro.
Por tanto, nos aleccionan los clérigos, si somos incapaces de apreciar las partes más pequeñas de la misma realidad material que nos rodea, cuánto más lo seremos de asir los mensajes espirituales que revolotean a nuestro alrededor. Es por eso que sólo el ojo entrenado puede ver la luz interior de los ángeles, o sólo el oído de los profetas puede escuchar las palabras de Dios.
Dejad que resuma con una palabra lo que pienso de tales enseñanzas.
Mentira.
Y no demos más vueltas al asunto: todos nosotros podemos ver lo que hay en el corazón de los ángeles (y la mayoría de nosotros deseará salir corriendo). Todos podemos escuchar la música de fondo que mueve el mundo, que muchos llaman Dios, algunos llaman dioses, y yo todavía no llamo de ninguna forma determinada.
El punto, claro, es cómo lograrlo. Incluso si existiera un método de eficiencia probada, no sería uno fácil. Pero no lo hay.
Así que por el momento, mientras yo mismo profundizo en el hasta entonces desconocido entramado de la realidad, sólo puedo desearos suerte, y aconsejaros un par de lecturas que os sirvan de introducción. He tratado de elegir libros que no hayan sido incluidos en la lista negra de la iglesia, ni que resulten demasiado exegéticos o herméticos como para ser hallados en las bibliotecas abiertas de la mayoría de las ciudades sureñas. Aquí en el norte, donde me encuentro, puede ser algo más complicado dar con ellos.

> Ethica et Aesthetica’nel Ruyno deDeus (Ética y Estética en el Reino de Dios, 259 DC, Willhem Basscaraville)

> Di Dorews o’Precepztion (Las puertas de la percepción, 1013 DC, Hal Düs Yuksley)

> Idesspakkël (El mundo de las ideas, 1150 DC, Allhan Mür)

> Da Sawl (El alma, 1165 DC, Andrëw Inleighten)